Aurora
Al amanecer desde mi cama, vago sonido de remolinos vaciándose en la nada
¿Drenaje de la noche? ¿Es, acaso, líquida la noche?
Como agua oscura llenando la cara azul del cielo,
olas etéreas llenas de hialinos peces atormentados
como vos, como yo,
perdidos en las profundidades abisales del cielo.
También desde mi almohada amago de barcos,
Nao que no debería oír pero oigo,
zarpando a otras costas, a otros cielos.
Barcos, curioso ruido aquí, el grao tan lejos,
lejos las sirenas, lejos el atribulado marinero perdido,
tan lejos de las estrellas, tan lejos de todo lo que soy:
yo pertenezco a la infinidad de las olas y los astros;
me escoltan en todo momento
puesto que están dentro de mí.
¿Drenaje de la noche? ¿Es, acaso, líquida la noche?
Como agua oscura llenando la cara azul del cielo,
olas etéreas llenas de hialinos peces atormentadoscomo vos, como yo,
perdidos en las profundidades abisales del cielo.
También desde mi almohada amago de barcos,
Nao que no debería oír pero oigo,
zarpando a otras costas, a otros cielos.
Barcos, curioso ruido aquí, el grao tan lejos,
lejos las sirenas, lejos el atribulado marinero perdido,
tan lejos de las estrellas, tan lejos de todo lo que soy:
yo pertenezco a la infinidad de las olas y los astros;
me escoltan en todo momento
puesto que están dentro de mí.
Vocabulario
Para M.
A veces de vuestra adusta presencia brota la partitura frívola de cálido éxtasis, en la que muero sin morir y vivo más que nunca, mariposa extasiada de polen ambarino, veneno de tarántula, dulce néctar compartido del que Baco siente envidia, cántico lacerado fluyendo entre dragones que se tocan y se empujan y se separan, que suspiran y muerden y gimen en húmedas cuevas frenéticas, mientras aves dactiloscópicas vuelan y se posan y picotean acá un brazo, allá una montaña, recogiendo y sembrando entre los montes la simiente del ser.
(Otras veces, no,otras veces...)
idiota
Voces
Muestra la Quimera sus fauces siniestrasmientras agita su melena flamígera:
se desprenden chispas y zumbidos de abejas
que vuelan fugándose de la canícula.
Se mofa de la muerte el cuervo festivo
más de esta se sustenta:
carcome los huesos con sosiego
hasta roer la médula y tragarla.
Nefastos conciliábulos de nereidas opacas
azotan con su rumor el oscuro piélago
los peces se inquietan en sus olas
suena, a lo lejos, un barco.
Voces en la oscuridad.
quierono sé qué quiero
a ratos me parece que te quiero a vos
después pienso que no, que es algo más
(o algo menos)
algo así como que te quiero a vos, pero sin ti
no sé si entiendes,
tengo ganas de darte un beso
pero que de pronto no seas tú
nunca más tú
nunca.-
(que tus ojos vean,
que tu boca grite,
que tus manos se acallen,
que tu cuerpo no respire)
escalofríos.
Now shut up, you distasteful Adbekunkus (Julio Cortázar)
Quizás los moluscos no sean neuróticos, pero de ahí para arriba no hay más que mirar bien; por mi parte he visto gallinas neuróticas, gusanos neuróticos, perros incalculablemente neuróticos; hay árboles y flores que la psiquiatría del futuro tratará psicosomáticamente porque ya hoy sus formas y colores nos resultan francamente morbosos. A nadie le extrañará entonces mi indiferencia cuando a la hora de tomar una ducha me escuché mentalmente decir con visible placer vindicativo: Now shut up, you distasteful Adbekunkus.
Mientras me jabonaba, la admonición se repitió rítmicamente y sin el menor análisis consciente de mi parte, casi como formando parte de la espuma del baño. Sólo al final, entre el agua colonia y la ropa interior, me interesé en mí mismo y de ahí en Adbekunkus, a quien había ordenado callar con tanta insistencia a lo largo de media hora. Me quedó una buena noche de insomnio para interrogarme sobre esa leve manifestación neurótica, ese brote inofensivo pero insistente que continuaba como una resistencia al sueño; empecé a preguntarme dónde podía estar hablando y hablando ese Adbekunkus para que algo en mí que lo escuchaba le exigiese perentoriamente y en inglés que se callara.
Deseché la hipótesis fantástica, demasiado fácil: no había nada ni nadie llamado Adbekunkus, dotado de facilidad elocutiva y fastidiosa. Que se trataba de un nombre propio no lo dudé en ningún momento; hay veces en que uno hasta ve la mayúscula de ciertos sonidos compuestos. Me sé bastante dotado para la invención de palabras que parecen desprovistas de sentido o que lo están hasta que yo lo infundo a mi manera, pero no creo haber suscitado jamás un nombre tan desagradable, tan grotesco y tan rechazable como el de Adbekunkus. Nombre de demonio inferior, de triste adlátere, uno de los tantos que invocan los grimorios; nombre desagradable como su dueño: distasteful Adbekunkus. Pero quedarse en el mero sentimiento no llevaba a ninguna parte; tampoco, es verdad, el análisis analógico, los ecos mnemónicos, todos los recursos asociativos. Terminé por aceptar que Adbekunkus no se vinculaba con ningún elemento consciente; lo neurótico parecía precisamente estar en que la frase exigía silencio a algo, a alguien que era un perfecto vacío. Cuántas veces un nombre asomando desde una distracción cualquiera termina por suscitar una imagen animal o humana; esta vez no, era necesario que Adbekunkus se callara, pero no se callaría jamás porque jamás había hablado o gritado. ¿Cómo luchar contra esa concreción de vacío? Me dormí un poco como él, hueco y ausente.
Mientras me jabonaba, la admonición se repitió rítmicamente y sin el menor análisis consciente de mi parte, casi como formando parte de la espuma del baño. Sólo al final, entre el agua colonia y la ropa interior, me interesé en mí mismo y de ahí en Adbekunkus, a quien había ordenado callar con tanta insistencia a lo largo de media hora. Me quedó una buena noche de insomnio para interrogarme sobre esa leve manifestación neurótica, ese brote inofensivo pero insistente que continuaba como una resistencia al sueño; empecé a preguntarme dónde podía estar hablando y hablando ese Adbekunkus para que algo en mí que lo escuchaba le exigiese perentoriamente y en inglés que se callara.
Deseché la hipótesis fantástica, demasiado fácil: no había nada ni nadie llamado Adbekunkus, dotado de facilidad elocutiva y fastidiosa. Que se trataba de un nombre propio no lo dudé en ningún momento; hay veces en que uno hasta ve la mayúscula de ciertos sonidos compuestos. Me sé bastante dotado para la invención de palabras que parecen desprovistas de sentido o que lo están hasta que yo lo infundo a mi manera, pero no creo haber suscitado jamás un nombre tan desagradable, tan grotesco y tan rechazable como el de Adbekunkus. Nombre de demonio inferior, de triste adlátere, uno de los tantos que invocan los grimorios; nombre desagradable como su dueño: distasteful Adbekunkus. Pero quedarse en el mero sentimiento no llevaba a ninguna parte; tampoco, es verdad, el análisis analógico, los ecos mnemónicos, todos los recursos asociativos. Terminé por aceptar que Adbekunkus no se vinculaba con ningún elemento consciente; lo neurótico parecía precisamente estar en que la frase exigía silencio a algo, a alguien que era un perfecto vacío. Cuántas veces un nombre asomando desde una distracción cualquiera termina por suscitar una imagen animal o humana; esta vez no, era necesario que Adbekunkus se callara, pero no se callaría jamás porque jamás había hablado o gritado. ¿Cómo luchar contra esa concreción de vacío? Me dormí un poco como él, hueco y ausente.
Incertidumbre
12/08/13El tiempo no puede ser encasillado en minutos, en segundos; ni siquiera existe propiamente y pretendemos medirlo. Estoy convencida de que a veces el tiempo no pasa, o pasa muy rápido, o muy lento. O yo paso entre el tiempo de diferente forma.
Han pasado 7 minutos y he pensado el mundo entero.
Excursión en el olvido
Clarividencia
Usted, como pasa tantas veces, no hubiera podido precisar el momento en que creyó entender; también en el ajedrez y en el amor hay esos instantes en que la niebla se triza y es entonces que se cumplen las jugadas o los actos que un segundo antes hubieran sido inconcebibles.
-Reunión con un círculo rojo, Julio Cortázar (fragmento)
Me pasa mucho que, de la nada, te recuerdo
-Reunión con un círculo rojo, Julio Cortázar (fragmento)
Me pasa mucho que, de la nada, te recuerdo
Encierro
inutilidades
No
estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico,
pero después caíamos en silencios terribles y la espuma de los vasos de cerveza
se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraía mientras nos mirábamos y sentíamos
que eso era el tiempo.
Julio Cortázar, Rayuela
(Alguna vez, sin embargo, fue distinto)
“Parecían dos niños”, me dijo. Y esa reflexión la asustó, pues siempre había pensado que sólo los niños son capaces de todo. (Crónica de una Muerte Anunciada)
de ti
de tus ojos,
del vacío.
Ojos vacíos
de niño triste,
de niño duro,
de niño cruel.
Ah, amor mío,
tan real
tan ingenuo
tan nada
tan todo.
(Esa obsesión malsana con ustedes,
niños tristes: mientras más tristes,
más crueles)
(Esa obsesión malsana con ustedes,
niños tristes: mientras más tristes,
más crueles)
El tiempo está después, Fernando Cabrera
La calle Llupes raya al medio, encuentra a Belvedere,
el tren saluda desde abajo con silbos de tristeza.
Aquellas filas infinitas saliendo de central,
el empedrado está tapado pero allí está.
La primavera en aquel barrio se llama soledad,
se llama gritos de ternura pidiendo para entrar
y en el apuro está lloviendo.
Ya no se apretarán mis lágrimas en tus bolsillos,
cambiaste de sacón.
Un día nos encontraremos en otro carnaval,
tendremos suerte si aprendemos que no hay ningún rincón,
que no hay ningún atracadero que pueda disolver en su escondite lo que fuimos.
El tiempo está después.
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