Aquí vienes otra vez, pena infinita
estoy triste, triste, triste
Tenía (entre otras muchas) esa malsana obsesión de la fortuna, por ejemplo, creía que si perdía el solitario y dejaba de jugar le daba permiso a la mala suerte para quedarse, así que jugaba noches enteras, sin ganar una sola vez, hasta que llamaba la vida, la obligación de guardar la baraja con un sentimiento de desamparo, la ansiedad que la ahorcaba hasta que podía de nuevo jugar y comprobar si la suerte había vuelto. Nunca volvía; quizá por eso.
Estoy atrapada dentro de mí misma. Ahora que no puedo hablar con vos no lo he hablado con nadie, no porque te quiera más que al resto ni mucho menos, sino que porque para hablarlo tendría que explicar muchas cosas y no me es simple, a veces tengo la intención de hacerlo pero me encuentro estancada en las palabras que se pueden usar, en las caras de incomprensión, y decido al final que no vale la pena. Y tampoco es que cambie nada hablar las cosas, es más una cuestión de satisfacción personal, no sentirme tan sola en medio del mar como me siento ahora.
Últimamente ni siquiera me dejan dormir. Hablan toda la noche, siempre cuando trato de dormir me llaman, a veces enojados, a veces riéndose. No sé cuál de las dos situaciones es peor. A mí me hablan en otros lenguajes casi siempre, aunque a veces puedo entender mi nombre entre sus palabras, no sé cómo te pasará a ti. Me aterran, aunque dentro de la lógica sé que no pueden hacerme daño, pero es difícil dejar de tenerles miedo, las risas todavía me dan escalofríos. Además, cuando logro quedarme dormida, siguen ahí en mis sueños, no siempre, pero varias noches a la semana (hablando de sueños, el otro día soñé con vos, pero esa es una historia para otro día).
No quiero que pienses que esto es como una pseudo-declaración de amor ahora a la distancia (no creo que seas tan imbécil, pero nunca se sabe). Es más como tratar de espantarlos, de que se callen un rato, qué sé yo, se hace lo que se puede.
Si lees o no lees esto, da lo mismo. En fin, buenas noches.
Zamba para olvidar
Zamba para olvidar - Mercedes Sosa
No sé para qué volviste
si yo empezaba a olvidar.
No sé si ya lo sabrás,
lloré cuando vos te fuiste.
No sé para qué volviste,
que mal me hace recordar.
La tarde se ha puesto triste,
y yo prefiero callar.
Para qué vamos a hablar
de cosas que ya no existen.
No sé para qué volviste,
ya ves, es mejor no hablar.
Que pena me da saber que al final
de este amor ya no queda nada,
sólo una pobre canción
que da vueltas por mi guitarra
y hace rato que te extraña,
mi zamba para olvidar.
Mi zamba vivió conmigo
parte de mi soledad.
No sé si ya lo sabrás,
mi vida se fue contigo,
que mal me hace recordar.
Mis manos ya son de barro
de tanto apretar el dolor,
y ahora que me falta el sol
no sé qué venís buscando,
llorando, mi amor, llorando,
también olvídame vos.
Charles Baudelaire, La masque (fragmento)
Mais pourquoi pleure-t-elle? Elle, beauté parfaite,
qui mettrait à ses pieds le genre humain vaincu,
quel mal mystérieux ronge son flanc d'athlète?
Elle pleure insensé, parce qu'elle a vécu!
Et parce qu'elle vit! Mais ce qu'elle déplore
surtoute, ce qui la fait frémir jusqu'aux genoux,
c'est que demain, hélas! il faudra vivre encore!
Pero, ¿por qué llora ella? Ella, belleza perfecta,
que pondría a sus pies al género humano vencido,
¿qué mal misterioso corroe su flanco de atleta?
Ella llora insensata, ¡porque ella ha vivido!
¡Y porque ella vive! Mas lo que ella deplora
sobre todo, lo que la hace temblar hasta las rodillas,
es que mañana, ¡ah,!¡tendrá que vivir todavía!
qui mettrait à ses pieds le genre humain vaincu,
quel mal mystérieux ronge son flanc d'athlète?
Elle pleure insensé, parce qu'elle a vécu!
Et parce qu'elle vit! Mais ce qu'elle déplore
surtoute, ce qui la fait frémir jusqu'aux genoux,
c'est que demain, hélas! il faudra vivre encore!
Pero, ¿por qué llora ella? Ella, belleza perfecta,
que pondría a sus pies al género humano vencido,
¿qué mal misterioso corroe su flanco de atleta?
Ella llora insensata, ¡porque ella ha vivido!
¡Y porque ella vive! Mas lo que ella deplora
sobre todo, lo que la hace temblar hasta las rodillas,
es que mañana, ¡ah,!¡tendrá que vivir todavía!
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